Sábado 28 de Diciembre elijo hacer un viaje gasolero de fin de año, a Mar del Tuyu, con Sofía y Micaela. Viajamos el Lunes, salimos pasado el mediodía. Salimos a la ruta. Sofi manejaba su coche nuevo, Mica cebaba los mates sentada de copiloto, yo iba atrás sentada sola con un par de bolsos, sintiendo por momentos ser observadora, y por momentos centro. (Así siento un poco las relaciones sociales)
Y así, con la ruta enfrente, aquellas dos seres de luz a mí lado -hermanas-, un bosque playero a cada costado, el sol poniente de una tarde de verano, y nosotras tres cantando a los gritos y riendo, sentí extasis. Una descarga eléctrica de oxitocina que me llevo al límite del lagrimeo de felicidad.
Y eso no era algo que me pasará frecuentemente.
Tuve muchas dudas, me dio mucha ansiedad decidir irme, por primera vez rn mis 22 años, a pasar la fiesta sin mí familia. Sin estar en casa.
Pero, parte del aprendizaje que me dejaba el 2019 era justamente, elegir.
Me gustaría encontrar palabras para describir la sensación de estar en el mar. Dejar el cuerpo flotar, fluir con la marea, respetar las olas, sumergirme, sentir como se limpian años de dolor. Salir renovada. Llena de la energía universal, energía vital de tantos seres, de tantos átomos unidos en una gran masa de agua. Ahí quiero siempre estar.
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